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Wu Wei

Se da por buena la hipótesis de la dialéctica, según la cual sólo se mejora una situación reaccionando ante ella y forzando una nueva realidad. Para el taoísmo, sin embargo, se puede actuar ante la realidad sin forzarla (concepto “wu wei“), entendiendo el “camino” de las cosas. De este modo, se puede “promover el orden” pero no “oprimir”, encontrar el equilibrio entre la acción propia y la que nos rodea, o “acción decreciente”.

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Concepto taoísta difícil para la mente occidental: Wu Wei, con frecuencia traducido como “no-hacer” o “no-acción”.

Es difícil de aceptar para la tradición occidental del “hacer”. Nuestra cultura valora la acción, y la inactividad nos genera ansiedad. Este modo de vida, sin embargo, es la raíz de muchas de las dificultades de nuestras vidas, inventamos esfuerzos innecesarios por el simple hecho de que nos sentimos incómodos con el estado de inactividad.

El significado de Wu Wei, viene relacionado con la “no acción” que es la traducción más literal de la palabra. Muchas veces se ha confundido la “no acción” con el pasotismo, la “submisión Budista”. Wu Wei se resuelve sólo. Hay momentos en la vida en los que no hay que hacer nada en absoluto, las cosas vienen y van y todo se resuelve de una forma u otra, y la intervención sólo puede acarrear roces, fricciones que no ayudan sino a empeorar la situación.

No hacer nada es, en ocasiones es lo único que se puede hacer, pero hay que tener intuición o una mente clara para entenderlo, para descubrirlo. A veces es al revés. A veces la acción es la única forma de evolución, de solución de problemas. También podemos señalar que Wu Wei, no deja que la mente deambule en “el pensamiento del pensamiento”. Pensar qué pensar, es lo contrario a Wu Wei. Planificar cómo vamos a planificar algo, es crear más fricción mental, más alimento para el “yo” ilusorio.

Wu wei se refiere al cultivo de un estado del ser en el que nuestras acciones son las justas en alineación con el flujo y reflujo de los ciclos elementales de la naturaleza. Es una especie de “ir con la corriente” que se caracteriza por una gran facilidad y claridad, en la que – sin siquiera intentarlo – somos capaces de responder perfectamente conscientes a las situaciones que se presenten.

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El Tao nada hace y, sin embargo, nada queda sin hacer.

Estas famosas palabras de Lao-Tse no pueden ser tomadas en su sentido literal, puesto que el principio de la “no-acción” (wu-wei) no equivale a inercia, pereza, laissez-faire o mera pasividad. Wu-wei, en el sentido de “no forzar”, es lo que queremos expresar cuando nos referimos a seguir la corriente, orientar las velas con el viento, seguir la marea en su fluir y adaptarse para conquistar.

El principio de wu wei contiene ciertas implicaciones. La primera es la necesidad de experimentar conscientemente a nosotros mismos como parte de la unidad de vida que es el Tao. Lao Tzu escribió que debemos estar en silencio y atentos, aprender a escuchar a nuestros propias voces internas y las voces de nuestro entorno en un no-interferencia, de manera receptiva. De este modo, aprendemos también a confiar en algo más que el intelecto y la mente lógica para recopilar y evaluar la información. Desarrollamos y confiamos en nuestra intuición como nuestra conexión directa con el Tao.

Nosotros prestamos atención a la inteligencia de todo el cuerpo, no sólo nuestro cerebro. Y nos conocemos a través de nuestra propia experiencia. Todo esto nos permite responder rápidamente a las necesidades del entorno, que por supuesto nos incluye a nosotros. Así como el Tao busca promover la armonía y el equilibrio, nuestras acciones, realizadas en el espíritu de wu-wei, producen el mismo resultado.

 Wu-wei también implica una acción que es espontánea, natural y sin esfuerzo. Al igual que con el Tao, este comportamiento simplemente fluye a través de nosotros, ya que la acción correcta, es adecuada a su tiempo y lugar, y que tenga el propósito de una mayor armonía y equilibrio. Chuang Tzu se refiere a este tipo de estado en el mundo como “fluir”, o más poéticamente como “vagar sin propósito!” No tener finalidad es impensable e incluso invoca miedo en ciertas culturas y sería considerado anti-social en el contexto de la vida moderna. Y, sin embargo, sería difícil sostener que nuestros valores actuales han promovido la armonía y el equilibrio, ya sea ambiental o en un nivel individual. 

Dejarse “vagar sin fin”puede ser aterrador, ya que cuestiona algunas de nuestras creencias más básicas de la vida, acerca de lo que somos como seres humanos, y sobre cómo encajamos en el mundo. Desde un punto de vista taoísta son nuestras queridas creencias – que existimos como seres separados, que podemos ejercer un control deliberado sobre todas las situaciones, y que nuestro papel es el de conquistar el exterior- que conducen a un estado de desarmonía y desequilibrio. Sin embargo, Lao Tzu escribe: “el Tao nutre todo.” Si podemos aprender a seguir el Tao, la práctica de la no-acción, entonces nada queda sin hacer. Esto significa confiar en nosotros mismos, nuestros pensamientos, sentimientos y nuestros propios cuerpos, así como la creencia de que el entorno proporcionará apoyo y orientación. Por lo tanto la necesidad de desarrollar la vigilancia y la tranquilidad de la mente.

Permitir que el wu wei se manifieste en nuestras vidas puede parecer una tarea de enormes proporciones. Y, sin embargo, si nos detenemos a reflexionar sobre nuestras experiencias pasadas, vamos a recordar posiblemente muchos casos en que nuestras acciones fueron espontáneas y naturales, cuando surgieron de las necesidades de cada momento sin pensar en los beneficios o el resultado tangible. “El trabajo está hecho y luego olvidado. y así permanecerá”, escribe Lao Tzu.

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Wu Wei o “No acción”

Una corriente contemporánea se ha servido, desde los trabajos de Carl Gustav Jung sobre “sincronicidad” entre el individuo y lo que le rodea, del concepto taoísta “wu wei”, muy cercano a la idea de “virtud” de la filosofía clásica, para exponer el cultivo individual como la principal fuerza para la autorrealización, tanto la propia como la de otros, manteniendo un equilibrio con personas y recursos.

El taoísmo compara el “wu wei” o “no acción”, con la naturaleza pasiva y a la vez perseverante del agua de un río. El agua es, en apariencia, débil y delicada, pero su fuerza erosiona poco a poco la roca más sólida.

A diferencia de los materiales sólidos, el agua no tiene voluntad, decían los primeros taoístas, pero ello le permite llenar cualquier recipiente y tomar cualquier forma, así como buscar el más mínimo resquicio para escurrirse.

¿Se pueden superar injusticias sin dialéctica acción-reacción?

Usando los mismos principios de “acción decreciente” -o perseverancia no revolucionaria-, capaz de transformar el fondo de las cosas sin recurrir a revoluciones, pogromos, cazas de brujas, gregarismos totalitarios, el individuo se hace más sabio, al haber aprendido a contemplar, aprender y fluir con el “tao”, el camino medio natural o armonía.

Es así cómo cualquiera, decía el taoísta Zhuangzi (siglo IV a.C., considerado un precursor del anarquismo y el libertarismo), puede alcanzar la “clarividencia”, un estado equivalente al concepto de autorrealización que, bajo distintas nomenclarutas, aparece en el pensamiento socrático (eudemonismo, estoicismo, etc.), budismo (nirvana), budismo zen (satori), religiones abrahámicas, etc.

Para los partidarios de la “no acción” o “wu wei”, un estado injusto de las cosas no puede superarse con un movimiento de reacción que fuerce la realidad e imponga un nuevo tipo de desequilibrio, que perjudique a los que antes eran beneficiados y beneficie a los antes perjudicados. (svsc: así como tampoco con el proselitismo)

Según esta idea, las prácticas a lo Robin Hood sólo crearían, a la larga, nuevas injusticias y desavenencias, alertando contra la demagogia y el populismo.

Explicar lo sutil en una realidad rápida y de trazo grueso

La “no acción” tiene un problema fundamental: es imposible aplicar el concepto a corto plazo, no se puede imponer a quienes no comprendan sus principios, ya que confundirían “no acción” con no hacer nada.

Y el “wu wei” no equivale a inmovilismo, sino a búsqueda de la virtud propia (clarividencia, felicidad, bienestar, como queramos llamarlo). Nuestro comportamiento es lo primero que está en nuestras manos cambiar, para después proyectarlo y contribuir a un cambio más profundo.

El cambio no exaltado, a fuego lento, no ha sido diseñado para la era de la interrupción constante, la apelación de los impulsos y la dialéctica de la gratificación instantánea.

Por el contrario, las actitudes que emulan el juicio popular en la plaza pública se suceden, como en las épocas más oscuras de la Edad Media e inicios de la Ilustración, cuando observar el castigo a ladronzuelos era el espectáculo más popular y aglutinador en lugares como Londres en inicios de la Revolución Industrial.

No violencia

La no violencia y el concepto de desobediencia civil propuesto por Thoreau, se inspiran en el “wu wei” taoísta.

En el ensayo Nonviolence: Twenty-five Lessons From the History of a Dangerous Idea (2006), el periodista Mark Kurlansky, analiza todas las filosofías y religiones o incluye alegorías sobre el poder de la no violencia y los efectos perniciosos de los cambios violentos promovidos por la dialéctica hegeliana y sus sucedáneos.

Como las filosofías clásicas, sobre todo las que parten de la idea socrática de cultivo de la virtud usando la razón y el conocimiento, así como un comportamiento sincronizado con la naturaleza, la acción sutil para amoldar las acciones al mundo circundante sin recurrir a comportamientos radicales, las principales religiones exponen la “no acción” y la “no violencia”, así como sus antagónicos.

La huida de la radicalidad de los contrarios y el supuesto equilibrio de seguir “la naturaleza” (el “tao” o “camino medio” del taoísmo, la “naturaleza” de los estoicos grecorromanos) se observa en las tradiciones religiosas indias -hunduísmo, budismo, jainismo-, chinas -taoísmo, confucianismo-, y abrahámicas -judaísmo, cristianismo, islamismo-.

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Sincronicidad: conexiones entre lo pequeño y lo grande

Lao-Tsé, fundador del taoísmo y autor del Tao Te Ching, comparaba esta actitud de “wu wei”, deliberada y ajena a los comportamientos pasivos y vegetativos, con el arte de cocinar. Para Lao-Tsé, gobernar un gran país no era tan distinto de cocinar un pequeño pescado: si usamos demasiado fuego, lo que podría ser un manjar se arruina.

Lao-Tsé en el Tao Te Ching:

“El sabio se ocupa de lo no dicho,
y actúa sin esfuerzo.
Al enseñar sin verbosidad,
producir sin poseer,
crear sin tener en cuenta el resultado,
y afirmar nada,
el sabio no tiene nada que perder”.

Nuestra obsesión con la dialéctica: las “historias”

Las historias aglutinan nuestro sentimiento de pertenencia y nos conmueven; han sido usadas como principal método de transmisión del conocimiento hasta la llegada de las sociedades especializadas; y, todavía, contribuyen a simplificar la realidad.

Tyler Cowen ha argumentado por qué deberíamos poner en entredicho las historias, ya que los matices de la realidad acostumbran a desaparecer en las narraciones cortas y simplificadoras que tanto apelan a nuestros instintos gregarios.

Los 7 tipos básicos de argumento narrativo que, según Christopher Booker, todos usamos como comodín para cualquier historia, embuten cualquier acontecimiento complejo en una historia que se deja por el camino los elementos más complejos, soporíferos, imperceptibles, etc.

Y así es cómo, tengamos un artículo, vídeo corto, reportaje novelado o autobiografía entre manos, lo acontecido suele adaptarse a alguno de los siguientes esquemas: luchar contra el Monstruo; de hombre pobre a hombre rico; la búsqueda; viaje y retorno; comedia; tragedia; y renacer.

Clichés, simplificaciones y reacciones

Las dificultades de la actualidad estimulan una narrativa que bascula desde la tragedia sensacionalista a la lucha contra el Monstruo, sin dejar de lado la “búsqueda”.

Los más optimistas, apuestan por un renacer, mientras otros se reconfortan con historias de superación personal meteórica, al estilo Cinderella Man.

Sea como fuere, todas las historias apuestan por la acción. “Hay que hacer algo”; “es lo que hay que hacer”; “debemos ponernos duros con éstos o aquéllos”; “hay que solucionarlo como sea”. Simplifican la realidad y omiten lo que no quepa en el corsé prefabricado, también se sirven de la acción-reacción para interpretar la realidad.

Nos asomamos a la realidad usando la narrativa de la dialéctica; desde la filosofía del siglo XIX, se impuso la idea de que la propia historia del mundo es una progresión en la que se suceden movimientos sucesivos como solución de las contradicciones del movimiento anterior.

Para Hegel y los que vinieron detrás, incluyendo a Marx, Heideger, Sartre, la escuela de Fráncfort y sus respectivos antagonistas, cada generación se mueve con el instinto gregario de querer “matar al padre”, o reaccionar ante lo establecido.

En definitiva, nuestras narraciones son consecuencia de una interpretación de la realidad que se sostiene mejor para explicar las leyes de la mecánica de Newton que para exponer los matices y aristas de la realidad.

¿Puede la “no acción” promover los cambios que queremos?

Quienes, como Lao-Tsé, Zhuangzi, Henry David Thoreau, Mohandas Gandhi o Martin Luther King han propuesto el uso del “wu wei” para, desde el ejemplo individual, proponer una mejora de la sociedad (este concepto implica una sincronía entre lo particular y lo general), han considerado absurdo usar la violencia, la coacción o las interpretaciones más radicales de la dialéctica para, supuestamente, lograr una sociedad más pacífica y próspera.

El taoísmo distingue entre el efecto positivo de la “no acción” y la inacción yerma y sin consecuencias de la apatía o el no hacer nada.

“No acción” equivale a sincronizarse con el ritmo del entorno, en contraposición con actuar forzando la situación (dialéctica) o, en el otro extremo, asumiendo un papel pasivo y negligente. Lo explica la paradoja “wei wu wei”, que puede traducirse por “acción sin acción”.

La negligencia constituye otro modo de dialéctica con resultados similares a forzar la situación: los extremos se parecen, mientras el equilibrio entre dos extremos actúa en sincronía con la realidad. El concepto “wu wei” representa este equilibrio al que aspira todo individuo con vocación de sabiduría.

Usando términos distintos, se trata también del ideal de virtud de Sócrates.

Favorecer sin impedir

El ideal de la “no acción” persigue el cambio a partir de la armonía, sin malgastar energía ni dividir entre Buenos Buenísimos y Malos Malísimos, favoreciendo sin impedir. De este modo, se evitan las contradicciones flagrantes de la dialéctica, que simplifica entre ganadores y perdedores y pretende crear bienestar a partir de delitos que enturbian la pureza de cualquier ideal.

La “no acción” tampoco consiste en únicamente evitar comportamientos o palabras violentas contra otros como supuesto método para lograr una realidad mejor, se trate de un individuo o de una colectividad, sino que requiere entrenamiento, perseverancia, comprensión de la supuesta sincronía entre lo particular y lo general.

Significa reemplazar el impulso de la reacción, el odio, la persecución y otros rasgos gregarios tan atractivos para la zona más primitiva (reptiliana) de nuestro cerebro como el azúcar, por el respeto hacia uno mismo y hacia todos, incluso aquellos con los que uno está en profundo desacuerdo.

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Micro y macro

Siguiendo la idea de la “correspondencia” china o la “sincronicidad”, si lo macro afecta a lo micro y a la inversa, la idea más radical no es aquella que no pretende perpetuar los errores de hoy en el próximo sistema, cambiando simplemente los nombres y porcentajes de ganadores y perdedores, sino la que comprende la interconexión entre todos nosotros.

Quizá la propuesta más radical de la sincronicidad, que entronca con conceptos socráticos, abrahámicos, de las religiones indias y chinas, consista en expresar, con la sencillez de las grandes fórmulas científicas, que amarse a uno mismo es amar y respetar a todos. Que odiar a otros es odiarse a uno mismo.

O que buscar la autorrealización (sea entendida como bienestar duradero, felicidad, tranquilidad, independencia emocional) sin ir en contra de otros o del entorno (“dejando ser”, usando la “quietud creativa”), genera ventura cuantificable, sin acumular cosas o personas perjudicadas por el camino.

El riesgo de jugar a Robin Hood

Zhuangzi, precursor de la relatividad de los sistemas de valores, alertaba acerca de las acciones y estilos de vida que uno considera superiores. Cambiar las reglas con el pretexto de lograr mayor bienestar generando incomprensión y sufrimiento, decía, no puede ser el principio de ninguna armonía.

Zhuangzi: “En lugar de correr por todas partes señalando con el dedo, ¿por qué no ir con el flujo de las cosas? Es entonces cuando uno puede empezar a experimentar la misteriosa unidad del Tao”.

Si no estuviéramos tan obsesionados en señalar las faltas flagrantes de otros, desgañitándonos en la plaza pública universal de los pogromos de todos los tiempos de vacas flacas, quizá tendríamos algo de tiempo de reflexión para practicar la autocrítica con las nuestras.

Así, no contribuiríamos a que hubiera ganadores y perdedores en nuestro entorno más inmediato. Sería un buen comienzo.

La forma más elevada de la Virtud

La práctica de wu wei es la expresión de lo que en el taoísmo considera que es la forma más alta de la virtud – algo que no es de ninguna manera premeditado sino más bien surge espontáneamente.

Cuando encontramos nuestra alineación con el Tao – con los ritmos de los elementos dentro y fuera de nuestros cuerpos – nuestras acciones son naturalmente del beneficio más alto hacia todo nuestro entorno. En este punto, hemos ido más allá de la necesidad de los preceptos morales religiosos o seculares formales de ningún tipo. Nos hemos convertido en la encarnación del wu wei, la acción de la no-acción, así como de wu nien, la idea de no-pensamiento, y Wu Xin, la mente de la no-mente. Nos hemos dado cuenta de nuestro lugar dentro de la red de interna del ser, en el cosmos, y – a sabiendas de nuestra conexión con “Todo lo que es” – sólo puede ofrecer pensamientos, palabras y acciones que no hacen daño, que son espontáneamente virtuosos.

REFERENCIAS

http://uvmf.blogspot.fr/2012/03/wu-wei-y-no-hacer-nada.html

http://elmanuscritozen.blogspot.fr/2013/02/de-como-wu-wei-no-deja-nada-sin-hacer.html

http://faircompanies.com/blogs/view/wu-wei-no-accion-como-metodo-para-mejorar-la-realidad/

http://www.shangrala.org/father/RELIGIONS/8Taoism/Wu%20Wei.html

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