Tierra/universo hueco

Mundo Subterráneo

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Uno de los primeros colonizadores alemanes en Santa Catarina, Brasil, escribió y publicó un libro, en alemán antiguo, sobre el Mundo Subterráneo, con información obtenida de los indígenas. El libro describía la tierra como hueca, con un sol central. Decía que el interior de la tierra era habitado por una raza longeva, que vivía libre de enfermedades y se alimentaba con frutas. También sostenía que este Mundo Subterráneo estaba conectado con la superficie por medio de túneles abiertos en su mayoría, en la zona de Santa Catarina y alrededores en Brasil.
El autor invirtió seis años en la investigación y el estudio de los misteriosos túneles que abundan en Santa Catarina, obviamente construidos por una raza antigua, para llegar a las ciudades subterráneas.
Las investigaciones continúan. En una montaña cerca de Joinville, los cantos corales de los hombres y las mujeres de la Atlántida se oyen en forma repetida, además del “canta gallo” (gallo que canta), que es una indicación típica de la existencia de una abertura de túnel que lleva a una ciudad subterránea. No es un animal vivo el que produce el sonido, sino probablemente una máquina.
El explorador ruso, Ferdinand Ossendowski, autor de Beasts, Men and Gods, sostiene que los túneles que pasan por debajo de los Océanos Pacífico y Atlántico y de la tierra, son construcciones de hombres pertenecientes a una civilización preglaciar hiperbórea. Esta civilización floreció en la región polar en el momento en que el clima aún era tropical, una raza de “superhombres” que poseían poderes científicos de un orden superior y autores de inventos maravillosos, que incluían máquinas cavadoras de túneles, de las que no conocemos nada. Con estas máquinas, llenaron la tierra de túneles. Ahora, citaremos palabras del increíble libro de Ossendowski, donde cuenta sus propias experiencias en Mongolia, donde la creencia en el Mundo Subterráneo de Agharta, gobernado por el Rey del Mundo, quien reside en la ciudad sagrada de Shamballah, es universal: “— ¡Deténgase! —dijo mi guía mongol, cuando cruzamos el altiplano de Tzagan Luk—. ¡Deténgase! —Su camello se agachó sin que él se lo ordenara. El mongol levantó las manos en señal de adoración y repitió la frase sagrada: ‘OM MANI PAEME HUM’. Los otros mongoles detuvieron sus camellos de inmediato y comenzaron a rezar. ¿Qué ocurrió?, me pregunté, mientras detenía mi camello.
Los mongoles siguieron sus oraciones unos momentos y, luego montaron los camellos y continuaron. —Mire —dijo mi guía—, cómo los camellos mueven las orejas con terror, cómo se quedan inmóviles y alertas las melenas de los caballos y cómo los camellos y el ganado se agachan hasta el suelo. Note cómo las aves dejan de volar y los perros de ladrar. El aire vibra de dulzura y uno oye la canción que penetra los corazones de todos, los hombres, los animales y las aves. Todos los seres vivientes, llenos de miedo se detienen. Pues el Rey del Mundo, en su palacio subterráneo está profetizando el futuro de todos los pueblos de la tierra. —Así habló el anciano.
“En Mongolia, con las terribles montañas y las interminables mesetas, nació un misterio que preservaron los lamas amarillos y colorados. Los gobernadores de Lhasa y Ourga vigilaron esta ciencia y poseyeron estos misterios. Fue durante mi viaje al Asia Central que oí por primera vez sobre este Misterio de los Misterios. En un principio no le presté atención; pero luego, cuando pude analizarlo y compararlo con determinados testimonios, frecuentemente sujetos a controversia, sí. Los ancianos en el borde de Amyil me contaron una antigua leyenda, que decía que una tribu mongol, que escapaba de Genghis Khan, se es­condió en una tierra subterránea. Luego, cerca del Lago Nogan, en la vecindad de Soyota me mostraron una puerta que servía de entrada al reino de Agharta. Un cazador había entrado a través de esta puerta y contó de su visita cuando volvió. Los lamas le cortaron la lengua para impedirle hablar sobre el Misterio de los Misterios. En su ancianidad, volvió a la entrada de la caverna y desapareció en el Mundo Subterráneo. Los nómades se emocionan siempre al recordar esto.
“Obtuve información más detallada de Houtouktou Jelyl Djamsrap de Narabanch Kure. Me contó la historia de la llegada del Rey del Mundo todopoderoso a la puerta de salida del Mundo Subterráneo, de su aparición, de sus milagros y de sus profecías. Luego, comencé a comprender esta leyenda, esta hipótesis, esta visión colectiva, que —más allá de cómo la interpretemos— esconde no sólo un misterio, sino una fuerza real que gobierna e influye en el curso de la vida política del Asia. Desde ese momento, comencé mis investigaciones. El lama Gelong, favorito del Príncipe Choultoun Beyli, me describió el Mundo Subterráneo.
“Hace más de seis mil años —me dijo—, un hombre santo desapareció en la tierra, en compañía de una tribu de personas que nunca volvió a la superficie. Varios otros hombres, como Cakya-Muni, Undur-Ghengen Paspa, Baber y otros, también visitaron este mundo interno. Nadie sabe dónde hallaron la entrada. Algunos dicen que fue en Afghanistan, otros, que fue en la India.
“Todos los habitantes de esta región están protegidos contra el mal, y no existe el crimen dentro de sus límites. La ciencia se desarrolló con tranquilidad, sin interrupciones por la guerra, y libre de espíritu de destrucción. En consecuencia, el pueblo subterráneo pudo lograr un grado de sabiduría mucho mayor. Estas personas componen un vasto imperio con millones de habitantes, gobernado por el Rey del Mundo, que domina todas las fuerzas de la naturaleza, puede leer lo que está dentro de las almas de cada uno y gobierna más de ocho millones de seres humanos, todos dispuestos a ejecutar sus órdenes.’
‘Todos los pasajes subterráneos en el mundo entero llevan al Mundo de Agharta. Los lamas dicen que todas las cavidades subterráneas en América están habitadas por esta gente. Los habitantes de los continentes prehistóricos sumergidos (Lemuria y la Atlántida) hallaron refugio y siguieron viviendo en el Mundo Subterráneo.
“El lama Turgut, que realizó el viaje de Ourga hasta Pekín conmigo, me dio más detalles: La capital de Agharta (Shamballah) está rodeada de villas, donde viven los Sabios Sagrados. Me recuerda a Lhasa, donde el templo del Dalai Lama se eleva por encima de una montaña rodeada de templos y monasterios. Su palacio está rodeado de los palacios de los gurúes, que controlan las fuerzas visibles e invisibles de la tierra, desde el interior hasta el cielo, y son los dioses de la vida y la muerte. Si nuestra alocada humanidad continúa sus guerras, tal vez vengan a la superficie y la transformen en desierto. Pueden secar los océanos, transformar los continentes en mares y hacer desaparecer las montañas. Viajan en extraños vehículos, desconocidos en la superficie, a velocidades increíbles, a través de los túneles dentro de la tierra. Los lamas encontraron vestigios de estos hombres en todas partes e inscripciones en las rocas; y vieron restos de las ruedas de sus vehículos.
“Cuando le pedí que me contara cuántas personas habían visitado Agharta, contestó: ‘Un gran número, pero la mayoría conservan el secreto todas sus vidas. Cuando los olets destruyeron Lhasa, uno de sus regimientos, en las montañas del sudoeste, llegó a los límites de Agharta y se los instruyó en sus misteriosas ciencias, por lo cual los olets y talmuts se convirtieron en profetas. Algunas tribus negras del este también entraron en Agharta y continuaron viviendo allí por siglos. Luego, fueron expulsadas del Mundo Subterráneo y volvieron a la superficie. Trajeron con ellos los conocimientos del misterio de la profecía con cartas y la lectura de las líneas de la palma de la mano. (Fueron los ancestros de los gitanos.) En una región determinada del norte de Asia, existe una tribu que está a punto de desaparecer y que frecuenta las cavernas de Agharta. Sus miembros pueden invocar a los espíritus de los muertos, que viven en el espacio’.
“Entonces, el lama se calló por un tiempo y, luego, respondió a mis pensamientos. Siguió: ‘En Agharta, los sabios escriben todas las ciencias de nuestro planeta y de los otros mundos en tablas de piedra. Los sabios de los budistas chinos saben eso. Su ciencia es la más avanzada y pura. Todos los siglos, los sabios de China se unen en un lugar secreto cerca del mar, montados en las espaldas de cien tortugas grandes que salen del océano, para escribir las conclusiones de la ciencia divina de su siglo’.
“Esto me trae a la mente una historia que me contó un anciano asistente chino en el Templo del Cielo en Pekín. Me contó que las tortugas viven tres mil años sin aire ni comida. Por esa razón, todas las columnas del Templo del Cielo, de color azul, descansan en las espaldas de tortugas vivas: para que los soportes de madera no se pudran.
“Muchas veces, los gobernadores de Ourga y Lhasa envían embajadores al Rey del Mundo — dijo el lama bibliotecario —, pero no llegan a él. Sin embargo, un jefe tibetano, después de una batalla con los olets, llegó a una caverna, cuya entrada decía: ‘ESTA PUERTA LLEVA A AGHARTA’.
“Un hombre de hermosa apariencia salió de la caverna y le presentó una tableta dorada, con una extraña inscripción: ‘El Rey del Mundo aparecerá ante todos los hombres cuando llegue el tiempo de la guerra del bien contra el mal, pero el momento aún no ha llegado. Los peores miembros de la raza humana todavía no han nacido’.
“Chang Chum Ungern envió al joven Príncipe Pounzig como embajador ante el Rey del Mundo. El embajador retornó con una carta para el Dalai Lama de Lhasa. Lo mandó una segunda vez, pero el joven nunca regresó.”
REFERENCIAS

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