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La política como opio (o el idealismo como gran embaucador).

Esperar el paraíso en la tierra, tal y como propone la política, constituye la misma narcótica estupidez que esperarlo en el cielo, como nos propone la religión. Pues la política, como la religión, contiene una serie de elementos opiáceos muy parecidos, y que, en última instancia, afectan de un modo similar al “pueblo“.

La política, al igual que la religión, nos ofrece una interpretación de la vida, en general, y de la naturaleza humana, en particular, muy diferente a cómo en realidad es y de cómo verdaderamente funciona, gracias a su engañosa visión idealista. Un idealismo nada inocente ni cándido, sino, más bien, todo lo contrario (¡ya iba siendo hora de que alguien lo dijera!), pues sobre él se cimientan los muros de nuestra prisión interior.

Este embaucador idealismo es el principal responsable de nuestro progresivo distanciamiento con respecto a nosotros mismos y con respecto a la vida; pues como el opio, como la religión, la política y su idealista visión de la realidad hacen que seamos incapaces de vivir plena, auténtica e independientemente nuestras vidas, al hipotecar todo a un futuro que nunca llega, ni llegará, simplemente porque no existe y porque además es imposible.

Comprender esta verdad, y saber que todo lo que nos propone la política (igual que la religión, la economía…) no son más que puras quimeras, ilusiones irrealizables, falsas esperanzas, no nos debe llevar al abatimiento o a la desesperación, sino a plantearnos y a vivir nuestra vida de una forma muy diferente a cómo, hasta ahora, han querido que nos la planteáramos y la viviéramos, es decir, sin vivirla; pues mientras, seducidos por sus mentiras, esperábamos su ideal, su paraíso, renunciábamos a vivir nuestra vida, aceptando vivir para ellos.

Esa, y no otra, es la función de la política: anularnos, para que cuando estemos completamente anulados, seamos nosotros mismos quienes nos encarguemos de anular a otros. Por eso, si algún día decides renunciar a la política y a todas sus ficciones, para vivir realmente tu vida, no te extrañes cuando veas aparecer entorno a ti, por todos los lados, esa nueva especie de predicadores amenazándote con la “condenación eterna de tu alma” por renunciar a “luchar” para mejorar su sociedad de rebaño, por no sacrificar tu vida en pos de su opiáceo ideal, por no creer en sus paraísos terrenales; pues ten muy claro que no descansarán hasta conseguir sus objetivos: que sigas siendo rebaño, que no vivas, que no seas libre; en definitiva, que seas suyo; algo que, por otra parte, sólo pueden conseguir porque nosotros se lo consentimos.

Y sólo con nuestro consentimiento pueden lograrlo, porque quizás la verdadera causa de nuestra esclavitud esté en nuestro interior y no en el exterior; porque quizás nuestros deseos y “supersticiones” sean nuestros auténticos carceleros; porque quizás nosotros mismos seamos quienes, por aceptar como cierto ese falso y embaucador idealismo, nos hayamos puesto las cadenas que ahora arrastramos; por eso, y como ya dijeran otros antes, quizás sólo renunciando a ese futuro ficticio, a ese opiáceo paraíso, sólo así, sea posible vivir plenamente el presente, conseguir la armonía con la naturaleza (nuestro único y verdadero “sistema”), hacerse con el control definitivo de nuestra propia vida. Pero todo esto, te digan lo que te digan, es algo que sólo podrás descubrirlo tú.

No te engañaré: se trata de una tarea harto difícil, pues no consiste en romper con una forma de pensar que llegó hoy o ayer, sino con algo, con unas “ideas“, que llevan siglos con nosotros.

FUENTE: ANTIMPERIALISTA

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