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Patocracia – JPN

Para entender que es la patocracia, primero debemos de entender dos cosas.

La primera es ¿qué es un psicópata? La segunda, ¿qué es un neurótico?

Haciendo caso de la etimología de la palabra, encontramos que el psicópata es alguien con el alma – cosa que creo más que discutible – enferma. Por ser psiké, alma (que quizás habría que definir como hálito), y patos, enfermedad.

El psicópata, según el diccionario de la Real Academia Española no es sino la persona que padece psicopatía. Siendo que la psicopatía es la anomalía psíquica por obra de la cual, a pesar de la integridad de las funciones perceptivas y mentales, se halla patológicamente alterada la conducta social del individuo que la padece.

En una terminología más psicológica – o piquiátrica, que tanto da – el psicópata es aquella persona que no pueden empatizar ni sentir remordimiento a causa de sus actos, por lo que interactúan con las demás personas como si fuesen meras herramientas que utilizan para conseguir sus objetivos.

Y aunque hay muchos y de varias cuerdas – centrándome en estos que expongo – existen una serie de rasgos distintivos o características que les son comunes. Algunos autores (por ejemplo el doctor Robert Hare) hablan de un total de veinte de estos rasgos mientras que otros (como M.L. Tobías, J. Lalich o Hervey Cleckley), reducen a tan sólo quince o dieciséis, tales característica.

Para que se haga una idea, daré una lista de elaboración propia en base a los criterios de los cuatro autores mencionados, en las que apocoparé – además – en una palabra (o dos), los datos técnicos para una mayor rapidez referencial. Así es característico del psicópata:

1.- Encanto superficial y gran capacidad verbal (verborrea).

2.- Escasa fiabilidad en base a la falta de sinceridad por su tencencia a mentir de una forma patológica (mentiroso compulsivo).

3.- Conducta antisocial injustificada en base a un talante manipulador y malicioso, combinado con problemas de delincuencia juvenil y predisposición al crimen (un rebelde sin causa).

4.- Egocentrismo severo de carácter patológico con una autoestima exagerada y que en nada se ajusta a la realidad (egoísta).

5.- Incapacidad para empatizar y/o amar, así como frivolidad en sus relaciones sociales y sexuales –  éstas últimas caracterizadas por una promiscuidad enfermiza -. Así mismo, la tal falta de empatía conlleva al psicópata a ver y tratar a las personas de su entorno como simples herramientas que están ahí para satisfacer sus anhelos. Con crueldad inusitada. Cosa ésta que implica una total falta de remordimientos y asunción de las consecuencias de sus actos (desalmado).

Estos son los rasgos – grosso modo – que definen a una personalidad psicopática.

Por su parte, el neurótico – sin ser yo psiquiatra o pretender serlo – es más fácil de definir ya que tal término designa al afectado por trastornos mentales que distorsionan el pensamiento racional y el funcionamiento a nivel social, familiar y laboral.

Dicho esto, podría empezar a hablarles de la patocracia. En lugar de ello, les remitiré a una serie de artículos que bajo los títulos de Dógmata y Credendo Vivis complementarán las informaciones al respecto.

Una vez sabido el asunto del dogma y el no menos importante, de la creencia podré hablarles ya de la tal patocracia.

La tal patocracia no es otra cosa que un gobierno formado por uno o varios individuos con un perfíl psicológico trastornado como es el caso de los psicópatas. Un comportamiento muy común en cuanto a sectas se refiere.

Para que se entienda mejor:

Imagíne – usted que me lee – que un día en un pasado remoto, cuando el Hombre comenzaba a serlo, una serie de entidades metahumanas hoyaron la Tierra y – digamos – civilizó al Hombre, dándole escritura, capacidades técnicas y agropecuarias e incluso modales y un breve código deontológico sencillo de seguir y recordar.

Imagine también que un momento determinado y por la causa que más le guste, tales entidades metahumanas abandonaron de una forma definitiva al Hombre.

Ahora imagine que uno de estos psicópatas, echando mano de los procesos de mistificación, tergiversa la realidad tal cual se ha producido y comienza a hablar de pruebas con respecto de la fidelidad de los Hombres con para aquellas entidades metahumanas.

Imagine también que habla de premiar a los fieles y de castigar a los infieles y que el único medio para obtener la “salvación” (que sólo está en su cabeza), es haciendo lo que él diga, puesto que él es el que “sabe”, o peor:  Es el “elegido”.

Pues ese sería el psicópata.

Imagine también que un grupo de desharrapados – en el sentido de haber quedado como “huerfanos” o deseheredados – no contentos con su situación y no haciendo uso para nada del raciocinio, se vinculan a este predicador (pues prefieren considerar como ciertos los delirios de aquel que los arenga en lugar de afrontar la realidad tal cual es) y forman una facción diferenciada dentro de la sociedad en la que por mandato de su lider, a medida que nuevos miembros se adhieren a tal culto, llegarán a cometer verdaderas atrocidades contra aquellos que – ya no es que tengan un pensamiento independiente – sino que no piensen como  ellos.

Pues esos serían los neuróticos.

Se estima que entre un 1% y un 6% (3,5% de media) de la población mundial son psicópatas. La cifra, ahora que somos 7.000.000.000 de seres humanos, serían 245.000.000 de psicópatas,  que en mejor de los casos fundan sectas y arrastran personas, que en un caso medio se erigen en religiones y que uno extremo se constituyen como gobiernos de países y multinacionales.

Si a esto añadimos que de las religiones verdaderas – que cada uno estima que la suya lo es – ninguna ostenta la Verdad Absoluta (tan sólo un nímio grado de veracidad), y que los dirigentes y mandatarios tienen vinculaciones con diversas de estas facciones (masonería, Opus Dei, Catolicismo, etc.) creo, se puede afirmar que padecemos una patocracia.

¿Un ejemplo? G.W. Bush.  delincuente juvenil, vinculado a Skull & Bones, alcohólico, cristiano renacido y en dos ocasiones presidente de los E.E.U.U. de Norte América. El líder del mundo civilizado, que dicen por aquellos lares, no era sino un tarado.

Y mientras tanto conspiraciones. No las que uno se monta en su cabeza. Si no las reales, las demostrables. Las que arrasan países y derrocan reyes. Planes maestros pergeñados por enfermos mentales con el único objetivo de abrillantar su ombligo para poder seguir contemplándolo.

Si usted lee el artículo Magna Véritas encontrará que hay memos que afirman que existen diferentes verdades, por que sólo miran hacia lo que quieren ver. Característica propia del neurótico.

Y así estamos. Unos esperando lo que nunca llegará (el progreso, el buen gobierno, la solución de la crisis, el futuro, la salvación, etc.) y otros padeciéndolo. Mientras, quedan esos 245.000.000 millones que se enriquecen y satisfacen tratando como escoria al resto.

Ahora sabe porqué le mienten. Ahora sabe porqué le engañan. E incluso sabe usted el mecanismo por el cual podría querer  ser engañado.

Como ya les dije, el contenido del artículo puede que no les guste. Pero tampoco tienen que creerme. ¿Acaso no existen diferentes verdades?

FUENTE: mundodesconocido

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Un pensamiento en “Patocracia – JPN

  1. No eres psicólogo como dices porque neurótico no significa eso sino emocional y que le afectan mucho las cosas y a lo que aquí se llama verborrea se llama en verdad elocuencia. Verborrea es no parar de hablar.

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